Memorias del V Coloquio (Segunda Parte)



Título: “Subversivas: Crónicas de mujeres en la lucha”
Autoras: Raquel Delgado Valentín e Isa Rodríguez Soto

"Todas las desgracias del mundo provienen del olvido  y desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos  naturales e imprescriptibles del ser mujer"  —Flora Tristán

La historia de las mujeres en las luchas por la justicia social y la liberación de Puerto Rico se ha dado a conocer en fragmentos, mucha de esa historia permanece oculta, pues es parte de la campaña de enajenación a la que hemos sido sometido como pueblo colonizado. Las mujeres no se colocan como protagonistas de los movimientos sociales, su participación se rinde invisible en la historia oficial, aun cuando han contribuido a lograr cambios trascendentales en la transformación del país.  Para hacerlo, estas mujeres han tenido que retar la sociedad y liberarse a sí mismas de las trabas que la cultura patriarcal les impone.
La necesidad de pluralizar la producción del conocimiento y por permitir múltiples voces y narrativas en la historia es el motivo incitador para documentar las historias de mujeres subversivas y rebeldes. “Subversivas: Crónicas de mujeres en la lucha” se formuló y forjó por casi una década. Nació, como nacen tantos proyectos, por necesidad. Es extraño pensar en la historia o las historias como necesidad, pero en innumerables ocasiones es así. La falta de documentación de las vidas y participación de las mujeres en varias luchas es un vacío que urge atención. Este libro tiene el objetivo de liberar del ostracismo a algunas de esas mujeres que desde diferentes trincheras han luchado apasionadamente para adelantar la causa de la liberación nacional asumiendo posiciones que están fuera del rol tradicional de “mujer” impuesto por la sociedad patriarcal. 
Esa pasión por la libertad es el motivo subversivo para acciones en defensa de los derechos y de las libertades fundamentales de las personas y de los pueblos. En esta publicación, compañeras de lucha narran sus historias particulares sobre la creación y la defensa de la Patria. Tal como es expresado en el prólogo de esta obra: “Decenas de historias se entretejen para conformar un tapiz histórico de nuestra lucha libertaria; un tapiz amarrado con hilos fuertes como las fibras que estas mujeres valientes y sacrificadas han trenzado con sus acciones, exaltando la consigna albizuista de valor y sacrificio”. Estas historias han sido incitadas a ser contadas “Las mujeres que aquí cuentan sus historias, lo hacen provocadas por otras compañeras. Por otras hermanas de la lucha que se propusieron lograr armonizar un proyecto en el cual salgan de las sombras las voces cristalinas de estas protagonistas de vidas comunes y de vidas singulares”. 
Conocer las historias nos permite acceso al legado de esas mujeres de manera más tangible. A través de la lectura de este libro de crónicas podemos adentrarnos en las vidas y acciones de mujeres que participaron en varias luchas: el movimiento estudiantil universitario, la lucha por sacar a la marina de guerra de Estados Unidos de Vieques, los movimientos feministas y la lucha por la descolonización de Puerto Rico, entre ellas la lucha armada. En “la lucha” (término que se utiliza es esta publicación para hacer referencia a los movimientos antes mencionados) hay una historia oral y escrita sobre algunas mujeres. Se conoce de figuras prominentes como Lolita
Lebrón, Blanca Canales, Julia de Burgos, Isabel Rosado, Carmín Pérez, Doris Torresola,  Luisa Capetillo, entre otras. 
Sin embargo, de otras compañeras que laboran cotidiana y continuamente por la justicia social, la libertad y la equidad conocemos poco. Muchas de las compañeras acostumbran a hacer el trabajo que entienden necesario para adelantar las luchas en el silencio, ancladas en la esencia de la humildad, terreno inherente a la lucha revolucionaria. La mayoría trabaja incansablemente en el anonimato. Muchas desean mantener ese anonimato expresando que el trabajo que realizan no tiene la intención de obtener reconocimiento. Con esta humildad increíble, que demuestra tesón y ética de militancia, se ha creado un vacío en la historia. Sin embargo, estas historias documentan el trabajo que realizan e hilvanan el alto grado de humildad y humanidad que habita en estas mujeres. Es evidente en las narraciones el reconocimiento implícito en las compañeras de que la lucha se construye con lo que sea necesario hacer, no importa lo simple de la tarea. 
Cada generación de mujeres en la lucha vive un grado de aislamiento, sobre todo con la incertidumbre de saber si sus experiencias son nuevas o un patrón que se adhiere a estereotipos y roles de género. En el momento en que se comienzan a compartir las historias, las barreras que se experimentan por ser mujer, o simplemente las anécdotas de los roles que se asignan en los movimientos sociales; como por ejemplo tomar apuntes y hacerse cargo de la cocina, se hace relevante la documentación de esas historias.  A través de estas anécdotas que aparecen una y otra vez, la solidaridad se transmuta porque es una experiencia colectiva. Se reconocen los patrones y tendencias que surgen porque las organizaciones en las que éstas militan están enmarcadas en la sociedad patriarcal. La inmersión en movimientos de transformación social que en cierto grado promueven patrones de desigualdad, obliga a denunciar las inequidades que sufren las mujeres luchadoras. Se hace necesario reconocer que toda lucha reivindicativa tiene que considerar el asunto de género en su génesis. 
Ante ese vacío de historia, las compiladoras de este proyecto entendieron la importancia de rescatar y resaltar la participación de las mujeres en las luchas. Varias compañeras que se  invitaron a participar y optaron por no hacerlo, expresaron que no debían participar por varias razones. Una razón es que luchan y trabajan sin desear reconocimiento. Entienden que compartir su historia y sus hazañas sería similar a buscar protagonismos. Esta posición de las compañeras  es respetada y se reconoce que esta decisión está contextualizada en la sociedad machista y patriarcal en la que vivimos. Como mujeres se nos ha socializado y educado para trabajar con entrega absoluta y entender que tener voz y compartir nuestra historia es contrario a ese rol. La otra razón expresada por algunas compañeras fue que no querían criticar a sus organizaciones. Entendían que al hablar sobre la inequidad de género en la lucha, estarían directa o indirectamente haciendo señalamientos negativos sobre sus organizaciones y compañeros. Sin embargo, este proyecto no tiene la intención de hacer señalamientos directos a ninguna organización, lo que si pretende es rescatar las historias de mujeres en lucha, a la vez que se cuestiona el machismo que impera en la sociedad y se reflexiona sobre ello para que podamos continuar la lucha por la libertad con una mirada feminista. 
Las 54 historias recopiladas están basadas en 33 preguntas cuyo enfoque era conocer la trayectoria de lucha, retos enfrentados en ese proceso y percepción del feminismo de cada una de las participantes. De esas, 24 son cuestionarios auto-suministrados que las participantes contestaron y devolvieron. Las otras 30 fueron entrevistas orales que se grabaron y luego transcribieron. Tanto las entrevistas como los cuestionarios son extensos y contienen más información de la que era posible incluir en esta publicación. La recopilación de estas entrevistas data desde el 2004 hasta el 2014.  Este trabajo representa una colaboración extensa. Isa y Raquel realizaron entrevistas presenciales y 24 compañeras contestaron las entrevistas de manera auto administrada. Para crear un producto accesible y ameno los datos e información de transcripciones y los cuestionarios se redactaron como historias. Esta redacción se basa en leer las entrevistas y seleccionar algunos detalles para resaltar y así crear una narración corta que represente la participación de cada compañera. Siguiendo esta misma guía decidimos incluir varios estilos de redacción. Por eso algunas historias son estilo entrevista, otras más como breves biografías. 
La intención de esta publicación es que este trabajo de documentación sea un aporte para futuras investigaciones y análisis posteriores (contamos con un archivo que incluye las transcripciones completas, audios y videos de las entrevistas recopiladas para el acceso de otras personas interesadas). De esas 54 entrevistas recopiladas, se realizaron 42 narrativas. Y son esas las historias que conforman la publicación.  
Cada historia documentada exhibe vivencias similares. Son mujeres luchadoras que tienen una enorme convicción sobre la libertad y están conscientes del trabajo necesario y urgente para lograr avances en la lucha. Al ser mujeres se han encontrado con otros retos que sus homólogos varones no han experimentado. El feminismo es identificado como el denominador común para luchar contra el machismo y erradicar la discriminación de género.  A través de este proyecto queremos lograr dos propósitos: (1) documentar y hacer visible historias de mujeres luchadoras, y (2) entablar un diálogo sobre la inequidad de género en la lucha para así buscar estrategias para atender este tema.
 Entre las narrativas incluidas hay mujeres muy reconocidas como Isabel Rosado y algunas de las ex prisioneras políticas, Dylcia Pagán, Alicia e Ida Luz Rodríguez. También hay historias de veteranas de la lucha, tales como Paquita Pesquera Cantellops, Wilma Reverón, Josefina Pantojas, Mary Ann Ramírez, María Dolores Fernós, Rita Zengotita, Noemilda Vélez Mass, Doris Pizarro y Flavia Rivera, entre otras. Hay historias de mujeres que representan una nueva generación de subversivas, tales como Amelia Merced, Gricel Surillo, Lydimar Garriga, Dora Irizarry, Michel Collado y Alicia Petru. 
 A pesar de las similitudes  cada historia representa una vida única, un trayecto de lucha diferente y sobretodo la diversidad de los feminismos. Reconocemos la autenticidad de cada subversiva. Existe un patrón en las vivencias narradas, la mayoría de las mujeres resaltan que en las diferentes organizaciones y movimientos en los que han participado lo más común es que los hombres tuvieran las posiciones de liderazgo. Muchas identifican que las mujeres son las que realizan muchas de las tareas que hacen posibles las actividades, pero que los hombres son los protagonistas. Las organizaciones en las que militaban las subversivas podrían identificarse como progresistas, y muchas se caracterizan por cuestionar paradigmas sociales establecidos. Aun en estos nichos de vanguardia se encuentran elementos de inequidad de género. Muchas mujeres señalan que la preocupación de las organizaciones es lo político y no se le daba prioridad al asunto de género. Las compañeras más veteranas explican que los espacios que las mujeres habían logrado hacer para sí mismas en las organizaciones conlleva una constante lucha por mantenerlos. No era tan sencillo como lograrlo y sentirlo como victoria, sino que conllevaba una lucha cotidiana para no perderlos. A la vez que hablamos sobre ejemplos de machismo en los espacios de lucha, muchas de las compañeras señalaban que hay compañeros que se unen a la lucha por la equidad de género y que hay compañeras que demostraban actitudes machistas. Estamos conscientes que todas y todos somos producto de una sociedad que eleva y da privilegio a ser hombre, que divide los roles domésticos y públicos por género, que fomenta conductas discriminatorias y sexistas y que perpetua el machismo. Hemos sido socializados y socializadas en una sociedad patriarcal, pero eso no justifica la neutralidad ante este asunto.  Para erradicar el machismo  hay que educar con perspectiva de género, crear consciencia en los espacios cotidianos y de lucha, constantemente trabajar para que desaprenda   ese patriarcado y nuestros compañeros se desliguen de los privilegios androcentristas. 
 Uno de los temas centrales en la mayoría de las entrevistas es que las compañeras crearon comités y hasta organizaciones adicionales para atender el tema de género. Algunas optaron por crear comités dentro de sus organizaciones y otras crearon organizaciones adicionales. Esos organismos creados para educarse y problematizar el asunto de género en su mayoría eran formados por mujeres. Las compañeras compartieron en las entrevistas sus estrategias y propuestas para seguir trabajando por la equidad de género. Un argumento común es no dejar pasar por alto ningún incidente machista, se deben traer al pleno y discutir. Más aun se resaltó que no se debe ver como objeto sexual a las mujeres. Sobre todo en las entrevistas de compañeras que militaban en los años 1960 y 1970, era evidente que a las compañeras se les estimaba, pero a la vez se le veía como que estaban a la disposición de sus compañeros de la organización. Claro está que no se debe generalizar, es decir, no eran todos los hombres de la organización de esta manera, pero esas situaciones sí marcaron la participación de varias compañeras. 
Muchas de las entrevistadas hicieron hincapié en que sus organizaciones son muy sólidas, hacen trabajo importante y no cambiarían su participación en ellas. Esto de manera de afirmar que las críticas que hacen no minimizan el trabajo político de las organizaciones ni a sus demás camaradas. Son organizaciones que se desarrollan en una sociedad más amplia y están sujetas a las mismas educaciones y paradigmas sociales que las demás. No por ser organizaciones progresistas están exentas de los males sociales tales como el machismo. Lo importante es que como son organizaciones de vanguardia hay más espacio y mayores oportunidades para atender las desigualdades y seguir el arduo trabajo de reeducarnos en equidad. Si bien es cierto que las mujeres han luchado para reclamar unos espacios y hay un legado de lucha, todavía hay mucho camino por recorrer para vivir en equidad. Una de las participantes  nos señaló que es importante conocer las historias de las mujeres, conocer las luchas de las mujeres en Puerto Rico para continuar afirmando y ganando derechos. “Si tú no tienes una organización de las nuevas generaciones y si no hacen lucha, todo el trabajo se puede perder. ¿Y quiénes van a sufrir? Pues entonces esas cuartas generaciones. O sea, que los derechos que ya nosotras conseguimos, que ustedes disfrutaron y disfrutaron las otras, las nietas y las bisnietas ni los van a conocer. Eso es una gran preocupación, es un gran reto para todas las que tienen menos de 65”.
 Las entrevistas proveen una mirada un tanto breve e incompleta de las vidas de estas compañeras, es solo una pieza del rompecabezas de cada vida. Esta publicación es análoga de una foto. Una foto representa a la persona en un momento de su vida, paralizada en el tiempo y en el espacio. Así se pueden leer estas narrativas, como representaciones de cada mujer en un tiempo y espacio particular. No pretendemos que este escrito represente las vidas completas de estas mujeres, ni mucho menos que las personas incluidas sean una representación exhaustiva de mujeres en la lucha. Reconocemos que hay más información por incluir en cada narración, y faltan muchas historias de luchadoras por documentar y compartir. De ninguna manera intentamos reducir las vidas ricas y productivas de estas compañeras, solo intentamos resaltar varios aspectos de sus vidas para así poder compartirlos con otras personas que puedan aprender e inspirarse por sus vidas. 
 Las compiladoras reconocen que el trabajo de contar las historias es constante y se podría estar toda una vida documentado historias de mujeres en la lucha. Continuamente  se pierde la posibilidad de documentar la historia de mujeres valiosas, luchadoras, que han contribuido inmensamente. A la vez constantemente se une al movimiento una mujer nueva cuya historia está por escribirse. Es un trabajo que no termina con una publicación. La intención de este proyecto es que sirva de motivación y sea una aportación más en el largo proceso de hacer justicia y reconocer el trabajo inmenso que hacen estas mujeres por la libertad. Otro objetivo de este proyecto es que aporte al diálogo serio y constructivo sobre estrategias para lograr la equidad de género en las organizaciones  y en la sociedad. No se trata simplemente de nombrar el problema de desigualdad por género, se trata también de instar al diálogo para que las voces de las mujeres que han estado desatendidas e invisibilizadas por el machismo, hasta cierto punto en la historia, salgan del ostracismo, reclamen esos espacios y formen parte de la historia de lucha, a la vez que las personas que reproducen actitudes machistas en los espacios de lucha puedan reflexionar sobre ello y trabajar en la deconstrucción de esas conductas opresivas. 
 Hemos titulado esta compilación de historias “Subversivas: Crónicas de mujeres en la lucha”. Destacamos la palabra subversivas porque todas estas mujeres con sus ideas, actos y visiones subvierten, trastocan y revuelven el orden establecido. Cada una de las mujeres incluidas ha roto esquemas, ha creado nuevos espacios y han enfrentado al patriarcado, reconociéndolo como otro enemigo de la emancipación. La mayoría de las compañeras realiza su trabajo patriótico desde espacios abiertos, pero también algunas de ellas han sufrido persecución y arrestos, y algunas han atravesado los rigores de un desgarrador clandestinaje. “Historias impresionantes habitan en estas páginas. Historias inspiradas por la pasión por la libertad y por la pasión por la historia. Tal como expresa Ida Luz Rodríguez en su entrevista: “Me parece que hemos llegado a una coyuntura en la historia de la humanidad, donde es crucial que las mujeres luchen por ganar el control de sus vidas y su destino, para servirle mejor al propósito de la vida… Las mujeres deben reconocer, aceptar y ejercer su poder inherente con todos los derechos y responsabilidades que esto conlleva”. Subversivas es parte del legado de libertad para esta y futuras generaciones.  




El espiritismo y la literatura: El caso de la Cieguecita de La Cantera
                   Por Gerardo Alberto Hernández Aponte

Gerardo A. Hernández

En 1880 se publicó una obra, de ochenta y cuatro páginas titulada Colección de novelitas y artículos de recreo de la autoría de Josefa Martínez Torres, alias la Cieguecita de la Cantera. Esta figura en la historia de la literatura puertorriqueña como la primera novela escrita por una mujer. Sin embargo, la prensa espiritista expuso que se trató de comunicaciones medianímicas.  Mi ponencia se dirige a exponer quién fue Josefa Martínez Torres y su vínculo con el espiritismo. Asimismo, explica qué son comunicaciones medianímicas.







 Las Sentencias Criminales de 1904 a 1919: las mujeres que se rebelaron en contra del Sistema Judicial alegando su inocencia ante la radicación de cargos criminales en su contra.
Nayda Collazo
 
     La literatura histórica y sociológica sobre la mujer puertorriqueña ha hecho muchos avances en los últimos años; sobre todo, en las áreas relativas al concepto del género, luchas por el sufragio, la mujer obrera, y sus esfuerzos por la igualdad social, laboral, jurídica y política.  No obstante, se observa la ausencia de estudios sobre otros escenarios históricos concretos de la mujer, en los cuales su presencia, aunque importante, no ha sido destacada.  Uno de ellos es el estudio del contexto histórico- social, y la medida en la que este conforma o moldea la mujer como transgresora, tanto de la ley como de las reglas sociales, especialmente dentro de la moral y la religión.  Al tratar el tema de la mujer transgresora, no pretendemos de ninguna manera lacerar la imagen o la figura de las mujeres de esa época, quienes lucharon contra el hambre, las enfermedades, la falta de educación y el discrimen social con el que se enfrentaban, desde el momento de nacer.  Por el contrario, lo que queremos evidenciar, como hipótesis de trabajo, es que se margina, señala y juzga a la mujer solo por el hecho de ser mujer.  Muchas de ellas transgredieron por ser inconformes, rebeldes y retadoras ante la sociedad que las quería controlar y someter.  Por otro lado, en la medida en que la mujer puertorriqueña se fue educando y tuvo otra visión del mundo femenino comenzó una lucha tenaz por la igualdad y la justicia social.      Las sentencias criminales que presentamos son un ejemplo de los procesos llevados a cabo en una causa criminal o sea, el juicio con todos sus componentes.  Para radicar cargos e imponer sentencias y llevar a cabo los procesos en los tribunales tanto en las Cortes Municipales como en el Tribunal de Distrito, los jueces, los abogados y los fiscales se rigen por el Código Penal Vigente así como por las Reglas de Enjuiciamiento Criminal de 1902.  En los 19 expedientes que se han revisado se encuentra la denuncia radicada contra la persona por un oficial del orden público la cual da paso a la acusación de parte del fiscal, la orden de arresto y su diligenciamiento por el Marshal, el acto de “arraignment”[1], la fianza, la sentencia, declaración del acusado, declaración jurada del policía, declaración jurada de testigo, el informe de toxicología, citaciones a testigos y citaciones al jurado.  En algunos casos se encuentran informes médicos, certificados de nacimiento, solicitudes de Habeas Corpus, apelaciones de sentencia, memorándums de Costas Criminales, Actas de Defunción y otros documentos que hayan sido considerados en estos juicios.  En primera instancia estos casos fueron resueltos en la sala del Tribunal Municipal del pueblo en el que se cometió el delito y al ser apelados pasaron a la consideración del Tribunal de Distrito de Mayagüez en muchas ocasiones en  juicio por jurado. 
     En estas sentencias criminales se encuentran unos 250 documentos, algunos casos son más extensos y llegan a contener de 20 a 28 hojas mientras que otros son breves y no pasan de 5.  Aun así, se observa que todas contienen una serie de informes y procedimientos que aparentan ser muy rigurosos y legítimos y denotan en cierta medida que se siguió el debido proceso de ley de acuerdo a las Reglas de Procedimiento Criminal en ese entonces.  Los delitos por los que son acusadas y juzgadas estas mujeres son variados y fueron denunciados desde el año 1904 hasta el 1919.  Entre las violaciones de ley presuntamente cometidas por estas aparecen las siguientes: asesinato en primer grado, agresión, ejercicio ilegal de la obstetricia, corrupción de menores, prostitución, adulterio, incesto, escalamiento, atentado contra la vida, destrucción fraudulenta de bienes asegurados, infracción a la ley de arbitrios, acometimiento y agresión, alteración a la paz, homicidio involuntario e infracción de ordenanza municipal.  
     Algunos de estos juicios son muy conmovedores ya que presentan paso a paso las incidencias de los casos investigados.  A continuación presento algunos de los que llamaron más mi atención y demuestran el drama de estos juicios con mayor exactitud. 
     Este caso refleja dramáticamente las diferencias culturales que se suscitaron luego de la invasión norteamericana.  La imposición de nuevas normas y leyes que alteraban la cotidianidad de los puertorriqueños se refleja en este juicio ya que en el mismo se penaliza a una mujer por actuar como comadrona lo que constituía la forma en que los niños venían al mundo en la Isla.  En esta acusación bajo el título de “Ejercicio Ilegal de la Obstetricia” se formulan los cargos contra de Máximina Librán la cual lee como sigue: “la citada Máximina Librán, maliciosa y voluntariamente, y afirmando ser de profesión comadrona, asistió a la individua Petronila Vázquez, que se encontraba de parto dicho dia, infringiendo con esto la Sec. 7 de la Ley Proveyendo para la organización de una junta de Médicos Examinadores.  De dicho parto murió la individua Petronila Vázquez, así como el niño”.  Febrero de 1910
     Estas leyes trastocaban lo más elemental de la intimidad del puertorriqueño especialmente, porque por lo general cuando una mujer daba a luz, la comadrona se convertía hasta en la comadre de esta ya era una persona querida por la familia y vecina del barrio.  Aunque poseían una vasta experiencia atendiendo partos y eran conocedoras de todos los procesos del alumbramiento, eran analfabetas o por lo menos si tenían alguna educación era muy elemental.  En la denuncia se puede apreciar que se les exigía a las comadronas pasar una especie de examen administrado por “la Junta de Médicos Examinadores”.
     Basándose en esta denuncia citan a Máximina Librán para juicio y le fijan una fianza hasta que se vea al mismo.  La fianza es de $500.00 “dollars” la cual presta mediante fiadores.  En la Corte Municipal fue hallada culpable y sentenciada a tres meses de cárcel y $100.00 de multa por lo que apeló la sentencia: El juicio se celebró el 6 de mayo de 1910 y se dictó sentencia en ese mismo dia absolviendo a la acusada con las costas de oficio.  Si bien es cierto, que la acusada Máximina Librán fue absuelta resulta totalmente injusto e innecesario hacer que esta tuviese que pasar por este proceso.  Hay que admitir que la parturienta que murió al igual que su bebé, obviamente estaban en inminente peligro de muerte cuando Máximina los atendió.  Siendo ella comadrona no iba a detenerse por no tener una licencia certificada por una “junta examinadora de médicos”.  Lamentablemente ambos murieron lo que confirma que la situación era apremiante y que Máximina Librán actuó de buena fe con la idea de salvar estas dos vidas.  Me pregunto si Máximina hubiese sido denunciada por ser comadrona y no haber ayudado a Petronila Vázquez y su neo-nato.  Insisto en que este es un evento en que la acusada tenía que intervenir ya que los hechos acaecidos estaban íntimamente relacionados con su oficio: comadrona,[2]  
     El caso que sigue es el juicio de Magdalena Ruiz quien fue acusada de “Atentado contra la vida” el cual se conoce como Intento de Asesinato y para las leyes vigentes se denomina como ‘Felony”.  El fiscal formula acusación contra Magdalena Ruiz, por un delito de atentado contra la vida, Art. 221 del Código Penal (Felony) cometido como sigue: “La citada Magdalena Ruiz, en la ciudad y Distrito Judicial de Mayagüez, P.R., el dia 8 de octubre de 1908 siendo sirvienta de la casa de familia de Don Alberto Bravo, voluntaria, maliciosa y criminalmente mezcló con la sopa que había de servirse en la comida, una cantidad de la sustancia venenosa llamada arsénico, con la intención de que la tomasen Don Alberto Bravo y los familiares que con el vivían en daño de los mismos, sirviendo la propia acusada dicha sopa que produjo la intoxicación de todos ellos, sin resultar muerto alguno.  Este hecho es contrario a la ley para tal caso prevista y a  la paz y dignidad del “Pueblo de Puerto Rico”.  
     El caso se ve en la Corte de Distrito para el Distrito de Mayagüez, el 17 de noviembre de 1908.  Ella se declaró no culpable y solicitó ser “juzgada” por el Tribunal, por lo que se fijó el juicio por jurado para celebrarse el 10 de marzo de 1909.  Se requirieron varias pruebas de laboratorio para confirmar el uso de Arsénico en la comida por la acusada por lo que se remiten los resultados de los mismos al fiscal de Distrito de Mayagüez desde “The Office of Health Charities and Correction”, en San Juan, Puerto Rico.   
     Se encuentra la gestión de la defensa para solicitar citación de testigos para su caso.  Aparentemente la defensa solicitó estos testigos con dilación por lo que se entiende que no acudieron todos los que citó.  “El abogado representante de la acusada en esta causa criminal por mandato de la Corte, solito de S.S. se sirva expedir Cedula de citación al Marshal para que sin pérdida de tiempo proceda a citar a los testigos siguientes: Rafael Reventós,  Calle Méndez Vigo; Miguel San Juan, Almacén Saint Laurent, Playa; Natividad Bisbal, Almacén  Saint Laurent, Playa; Edmundo Padilla, carpintero trabajando actualmente en las obras del acueducto de esta ciudad en la toma de agua,[3] para que comparezcan mañana a las nueve A.M. a declarar como testigos de defensa en esta causa apercibiéndoles de delito de desacato al si así no lo verificasen. Mayagüez, P.R., marzo 9 de 1909. Firma José Benet. Nota: Recibido hoy nueve de Marzo a las cinco menos diez y ocho minutos. Firma: Tomás C. Vera. (El secretario hace constar que esa petición llegó tarde).
     La Corte enseguida declara: que debe condenar y condena a la expresada Magdalena Ruiz a sufrir la pena de siete años de presidio con trabajos forzados y pago de las costas procesales, descontándole el tiempo que ha permanecido en la Cárcel desde el instante en que se redujo a prisión hasta el pronunciamiento de esta sentencia, disponiéndose que la susodicha Magdalena Ruiz sea llevada de la sala de este Tribunal de Justicia a la Cárcel de Distrito, para ser de allí conducido con toda rapidez posible al Presidio de esta Isla en donde será entregado al jefe de Presidio donde quedará confinada por el termino de siete años con trabajos forzados desde esta fecha; y que se expide por el Secretario una copia de esta sentencia al Jefe de Presidio.
     Juicio contra Evangelista Ruiz Cargajales por Asesinato en primer grado: Al analizar este caso se ha encontrado que es uno muy particular y lleno de drama y en el que se refleja la dura realidad a la que se enfrentaban las mujeres en Puerto Rico en los años que comprenden esta investigación.  Es por eso que se transcribirán muchos documentos que aparecen en este expediente de forma fiel y exacta.  Cada paso y gestión realizada en el mismo aporta a la comprensión de los hechos y las consecuencias que recayeron sobre Evangelista Ruiz.  La portada de su expediente lee así: Nombre: Evangelista Ruiz (presa), En Jurado,¡¡¡ Murió!!! Delito: Asesinato en primer grado -“Felony” A través de la lectura del mismo es evidente que carece de cualquier descripción física de la mujer juzgada en el mismo.  A esta mujer la arrestan y le niegan salir bajo fianza en noviembre de 1903.
     Fue necesario leer detenidamente y sin perder detalles el desarrollo de este caso, ya que cada uno de ellos va hilvanando la trama y desenlace de esta Sentencia Criminal.  Lo que sigue es la acusación del fiscal la cual contiene varios elementos que llaman la atención y despiertan dudas.  Cito la misma “La citada Evangelista Ruiz en la tarde del dia 27 de diciembre (último) y en la casa en que vivía en el barrio Mayagüez Arriba de esta ciudad y distrito judicial dio a luz un niño con vida, luego de lo cual, maliciosa y premeditadamente y demostrando tener un corazón pervertido y maligno arrojó dentro de una letrina de veinte varas[4] de profundidad  con el propósito de quitarle de ese modo la vida y ocultar a sus familiares el estado de embarazo que hasta aquellos instantes se encontraba, cuyo niño aun vivo fue extraído de aquel sitio dos días después de orden del Juez de Paz de esa ciudad, falleciendo a los cuatro días de tétano infantil, enfermedad de que fue atacado sin duda por haber sido arrojado sobre las materias fecales en que fue encontrado.  
     Una vez es ingresada en la Cárcel el 30 de diciembre de 1903, el alcaide de la prisión es responsable de la rea por lo que debe informar las vicisitudes que acontezcan al respecto y redacta una nota para informar lo siguiente:”Encontrándose atacada de calentura tifoidea la mujer Evangelista Ruiz presa en cita cárcel acusada de asesinato en primer grado, el médico del establecimiento solicita su traslado a un Hospital con el fin de evitar contagio en las demás reclusas; el que suscribe lo manifestó por telégrafo al Director de Prisiones el que está conforme con la opinión facultativa siempre que su H. Tribunal lo estime conveniente y lo comunico a VD para los fines que procedan.  Muy respetuosamente, Marcelo Ríos Rivera- Jailer
     La próxima comunicación que se recibe va dirigida al Hon. Señor Presidente del Tribunal de Justicia, Ciudad de Mayagüez donde dice lo siguiente:“Pongo en su conocimiento que en la mañana de hoy ha fallecido en el Asilo de San Antonio la mujer Evangelista  Ruiz Cargajales, presa de cita cárcel que se encontraba en causa pendiente por el delito de asesinato en primer grado”.  Marcelo Ríos Rivera, Alcaide.
     Todos estos eventos relacionados con el caso de Evangelista Ruiz son muy lamentables, especialmente al conocer que la mujer estaba tan enferma que murió a los cuatro meses después de haber sido acusada de lanzar su bebé a una letrina la cual por estar llena de heces fecales provocó la muerte del recién nacido.  Al leer los cargos criminales de parte del fiscal a esta mujer aparece que fue acusada de asesinato en primer grado y estaba en la cárcel sin fianza y en espera de un juicio por jurado cuando la sorprende la muerte.  Pero eso no es todo, al leer el acta de defunción es cuando se conoce la edad de Evangelista Ruiz Cargajales a la hora de su muerte.  El acta de defunción dice lo siguiente: Evangelista Ruiz y Cargajales, natural de Mayagüez en Puerto Rico de trece años de edad, soltera, hija de Eusebio y de Milagros, falleció en el Asilo de San Antonio a las nueve de la mañana de hoy consecuencia de fiebre tifoidea. 
     No hay mucho más que añadir en este escrito acerca de Evangelista Ruiz Cargajales excepto que esa mujer “demostrando tener un corazón pervertido y maligno” era tan solo una niña.  Si se toma en cuenta que estuvo nueve meses de embarazo y murió a los cuatro meses después de tener a su criatura, se suman 13 meses lo que llevaría a concluir que al momento de quedar en estado grávido Evangelista tendría doce años de edad.  Se sabe que en esos años las mujeres se casaban jóvenes y que ya a los trece y catorce años daban a luz pero el informe y denuncia del fiscal en el caso que nos ocupa indica que la acusada lanzó el recién nacido a la letrina “para ocultar su embarazo”.  Esta aseveración provoca varias interrogantes en este suceso, surgen dudas como por ejemplo: quién era el padre, porqué ocultó el embarazo y cómo se explica que su familia no lo notó, entre otras de las muchas preguntas que han quedado sin contestar dada la muerte de la acusada.  
     A través del estudio y análisis de estos juicios se puede concluir que según la gravedad del delito del cual se acusa a estas mujeres se determina si será un juicio por jurado o juicio oral, a la vez que el juez decide si le otorga o no fianza.  En estos las sentencias fluctúan 2 meses hasta 7 años de prisión, en algunos casos se imponen multas y en varias instancias la mujer acusada es absuelta y puesta en libertad aunque aun así, se le impone el pago de costas.  Las mismas responden al cobro de los gastos incurridos en las diligencias y trámites para llevar a cabo el juicio o la apelación del caso.  
     Todos los procesos y diligencias que aparecen en estos expedientes de juicios a mujeres juzgadas y sentenciadas revelan en la mayoría de los casos, la rigurosidad y la exactitud con que se aplicaban las leyes y cómo se ejercía el debido proceso de ley en los mismos.  Sin embargo, no es posible plasmar el dolor, la angustia y la incertidumbre que generaron estas acusaciones, su juicio y el encarcelamiento de estas diecinueve mujeres.  La investigación llevada a cabo está basada en documentos legítimos y originales que provienen en su mayoría del Archivo General de Puerto Rico de los cuales hay evidencia que se puede corroborar.  Sin embargo en esta ponencia es casi imposible mantenerse atado estrictamente a lo que dicen los documentos sin que surjan dudas y cuestionamientos de los hechos acaecidos.  Definitivamente es evidente la miseria, el hambre, la falta de salud, el analfabetismo entre otros aspectos relacionados a la pobreza influyeron en las acciones y la trayectoria de las mujeres presentadas en este estudio.  Por otro lado, a muchas se le hizo muy difícil hacerse paso en una sociedad patriarcal y con una visión androcéntrica en la que el discrimen por cuestión de género era tan evidente que el solo hecho de aspirar a obtener derechos y luchar por la igualdad, las convertía en transgresoras. 
     Hubo mujeres que abrieron el camino para las que necesitaban ubicarse dentro de la sociedad como personas útiles, merecedoras de respeto y con derecho a la superación y más aun a sobrevivir en un mundo creado para hombres en el cual no se les daba el más mínimo espacio.  Es necesario invertir la jerarquía de datos relevantes en la historiografía y revisar el bagaje metodológico tradicional y ampliar los campos de investigación históricos.  Hay una necesidad de rescatar a las mujeres como actores sociales y explicarlas en razón de problemas específicos que les conciernen basándonos en la certeza de que una historia de mujeres es no solo posible sino muy necesaria.  
Nota: Próximamente estará a disposición de los estudiosos del tema de las mujeres mi disertación doctoral “La mujer transgresora en Puerto Rico, 1898-1920.
Por: Dra. Nayda de los Ángeles Collazo Dávila
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[1] Es la lectura de acusación que contiene la formulación de cargos contra el imputado de parte del fiscal y el proceso en el que la persona se declara culpable o no culpable.  Mediante este acto se determina si se ha de proceder o no con el juicio en contra de la  citada por la Corte. 
[2] Máximina Librán Criminal Ejercicio Ilegal de la Obstetricia  No. 2076.

[3] Aun que no se explica la razón y aparentemente no testificó en el juicio, llama la atención que la defensa pida la comparecencia de un plomero como testigo de “descargo”.
[4] De acuerdo a lo investigado 20 varas de profundidad representarían 60 pies, lo cual no está acorde con la realidad de ese momento, especialmente porque dice el escrito que sacaron al infante y fue encontrado vivo.







Ana de Lansos y la fundación del Convento de Carmelitas Calzadas en el
siglo XVII
Por Noemí Rivera De Jesús[1] 
Introducción 
El trabajo que se presenta a continuación es una investigación de mucho tiempo relacionada a la figura de Doña Ana de Lansós. Comencé consultando las publicaciones e investigaciones de diversos autores de Puerto Rico, España y Latinoamérica. Donde la mayoría de los autores coinciden con los mismos detalles sobre Ana de Lansós y la fundación del convento de Carmelitas Calzadas en la Ciudad de San Juan de Puerto Rico. Para saciar mi curiosidad, comencé a investigar las fuentes primarias del Archivo General de Indias en Sevilla, España, relacionadas a Puerto Rico en los años donde vivió Ana de Lansós. Información sobre esta gran mujer, sobre su familia y el primer convento de monjas en Puerto Rico fueron hallados.
El Puerto Rico del siglo XVII fue una continuación del siglo XVI. Además, fue un Puerto
Rico de pobreza, escasez de tela y escasez de hombres. No existía monasterio en la isla de
Puerto Rico. Solo existían varios monasterios en América antes de 1651, estos estuvieron localizados en Bogotá[2] , Santo Domingo[3] y México[4]. La situación económica de muchas mujeres en la Isla de Puerto Rico era desventajosa. Estas mujeres no podían pagar la dote para casarse. Además, muchas mujeres no podían ingresar a un convento fuera de la Isla para su educación.[5]
Sin embargo, Coll y Coste postula que según el acta de fundación del convento de Carmelitas de San Juan, la fundación del convento ayudaría a que muchas mujeres no tuvieran que viajar a otros lugares para convertirse en monjas.[6] Mientras que el padre Cuesta Mendoza argumenta que de esta manera aconteció el asunto de la fundación del monasterio que serviría de refugio para veintenas de doncellas nobles y honradas.[7] 
En el acta de fundación del convento aparece escrito que las primeras instancias para pedir la fundación de un convento para monjas en Puerto Rico son de 1603 a 1616.[8] Pero la instancia del año 1613 incluía una carta del obispo Cabrera. Este es el primer texto de un Obispo de la Iglesia en Puerto Rico solicitando la fundación de un convento.[9] Desde el año 1603 se pedía en Puerto Rico la fundación de un convento de monjas.  
Existieron diferentes decisiones para que una mujer entrara a un convento. Algunos autores como Josefina Muriel le llaman motivaciones. Decisiones o motivaciones que llevaron a las mujeres a entrar y vivir en los conventos fueron la religiosidad, considerar el claustro como uno de los lugares más dignos y seguros para que una mujer viviera honradamente cuando quedaba soltera o se convertía en viuda. Algunas familias seleccionaban a la segunda hija para que se convirtiera en monja. Además, debemos recordar los problemas sociales que atravesaba América en el siglo XVII. Como la pobreza y la dificultad de hallar un marido adecuado a la posición social que ocupaban las descendientes de conquistadores.[10] 
Algunos historiadores  han mencionado a doña Ana de Lansós en sus investigaciones relacionadas a temas del siglo XVII en la Ciudad de San Juan. Pero pocos han profundizado sobre la vida y obra de la primera monja puertorriqueña. Ana de Lansós era una viuda rica y que había donado en el año 1645, una enorme suma de 50,000 pesos. A la vez, donó su propia casa para la fundación del convento.
Pero otros autores como Sor Blanca María Ocasio, Elsa Gelpi Baiz, Cayetano Coll y Toste, entre otros escriben el apellido de Ana de Lansós con la letra "s" y no como escriben otros con la letra "z". Sor Blanca María Ocasio señala en su ponencia presentada en el Simposio de Iglesia, Estado y Sociedad: 500 años en Puerto Rico y el Caribe, El desafiante siglo XVII, titulada La fundación del Monasterio Carmelita de San José Significación social y eclesial de la obra de Ana de Lansós que la razón de su aparición en los documentos relacionados a la fundación del monasterio de monjas aparece el apellido de la siguiente manera: "Lansós" en vez de "Lanzós." [11] Según Adolfo De Hostos, Ana de Lansós era una viuda rica de la ciudad que concibió la idea de realizar el proyecto de la fundación de un convento.[12] Sin embargo, el padre Cuesta Mendoza expone que Doña Ana de Lansós era de nobleza gallega y había nacido en Puerto Rico. Posiblemente pudo haber nacido entre los últimos años del siglo XVI o en los primeros del siglo XVII.[13] 
Otros autores latinoamericanos y españoles mencionan brevemente la aportación de Ana de Lanzós. En este caso, la autora Josefina Muriel postula en su libro La mujeres de Hispanoamérica época colonial que en Puerto Rico existió un monasterio de Carmelitas Calzadas fundado por  doña Ana de Lansós. Esta autora escribe también de manera errónea el apellido de esta importante monja en Puerto Rico. Sustituyendo la letra o por la letra a del apellido.14
Ana de Lansós  era una viuda rica y estuvo casada con el Capitán Pedro de Villate y
Escovedo.15 El matrimonio no tuvo hijos. Sus padres fueron Francisco de Lansós y Catalina Menéndez de Valdés16. Sus hermanas fueron Antonia de Lansós, Elena de Lansós y su hermano el presbítero Diego de Lansós. 17 Su hermana Antonia de Lansós entró como novicia al convento de Carmelitas Calzadas en 1653.18
Además, era la dueña del ingenio Luis de Canóbanas. Ella solía rentar en 1,500 pesos al año este ingenio.19  Ana de Lansós otorgó la escritura de fundación del convento con la
                                                             
14  Muriel, Josefina. La mujeres de Hispanoamérica época colonial. Maphre, Madrid, 1992. Pág.
255
15  Cuesta Mendoza, Antonio. Historia Eclesiástica del Puerto Rico Colonial Volumen I 1508 – 1700. República Dominicana, 1948. Pág. 328 El Capitán Don Pedro de Villate y Escovedo era hermano del Capitán Don Santiago de Villate y Escovedo. Ambos hermanos se distinguieron heroicamente en la defensa de la ciudad contra la invasión holandés. El autor menciona que ignora si el esposo de Ana de Lansós era natural de Puerto Rico o había llegado directamente de España. 16 A.G.I. Santo Domingo, 171 En 1649 Doña Catalina Menéndez de Valdés era viuda del Capitán Francisco de Lansós y Andrade. Su marido había hechos por veinte y cinco años jornadas de Portugal, Inglaterra, Italia, Francia y Flandes y también en los presidios de Galicia y Puerto Rico. Además, haciendo factores de importancia y de los del capitán Diego Menéndez de Valdés por tiempo de veinte años. La viuda pedía doscientos ducados de renta en cada año por los días de su vida en sobras del situado del otro presidio de Puerto Rico para alimentar a sus hijos porque entre ellos tiene una hija doncella que se llama Antonia de Lansós a quien no ha podido dar en matrimonio. 
17  Ibídem, Pág. 328 Don Diego de Lansós fue clérigo y al parecer no sucedió que pasaran los bienes de padres a hijos por línea de varones como era la costumbre en una sociedad patriarcal.
18  Ge pi Baiz, Elsa. Un problema demográfico y social: Las doncellas de San Juan y el Obispo Fray
Francisco de Cabrera. Iglesia, Estado y Sociedad: 500 años en Puerto Rico y el Caribe. Actas de
Simposio III. El desafiante siglo XVII. Arzobispo de San Juan de Puerto Rico, Universidad del
Sagrado Corazón, San Juan, Puerto Rico, 2010, Pág. 189
19  Cuesta Mendoza, Antonio. Historia Eclesiástica del Puerto Rico Colonial Volumen I 1508 – 1700. República Dominicana, 1948, Pág. 328
donación de 50,000 pesos. Estos 50,000 pesos fueron computados en el valor de la casa que residía y el ingenio de azúcar localizado en el valle de Canóbanas.[14] 
El papel desempeñado por doña Ana de Lansós seria recordado brevemente en la historia de América. No solo por autores puertorriqueños, también por autores latinoamericanos y españoles. El autor Ángel Martínez Cuesta redactó en su libro Las monjas en la América Colonial 1530 – 1824 una tabla titulada Monasterio de Monjas en la América Colonial, 1492 – 1824. En dicha tabla menciona que en Puerto Rico había un convento y el titulo de dicho convento era de San José. Además, era de la orden religiosa de Carmelitas Calzadas y su fundación fue en 1651.[15] Este autor cita al padre Cuesta Mendoza en una nota alcance mencionando que el convento de carmelitas calzadas fue fundado en Puerto Rico en el año 1651.[16] Según el padre Álvaro Huerga las monjas de procedencia carmelita que esperaban de Sevilla nunca llegaron y Ana de Lansós recurrió a las monjas de Santo Domingo profesas de la Orden de las dominicas. Fueron tres monjas las que llegaron de Santo Domingo para fundar dicho convento. Estas tres monjas cambiaron por el hábito y la regla de las dominicas por el de las carmelitas.[17] Esto significa que el primer convento de carmelitas calzadas en América fue fundado por doña Ana de Lansós en San Juan de Puerto Rico.
Conclusión 
Ana de Lansós y Menéndez de Valdez, una mujer rica, de familia importante y reconocida en la Ciudad de San Juan, realizó una gran aportación a las doncellas nobles, pobres y nietas de conquistadores. Esta aportación sucedió durante el siglo XVII, un siglo llamado por algunos historiadores e investigadores como un siglo desafiante. Pues el siglo XVII, fue un siglo de incertidumbre en la isla de Puerto Rico. La sociedad en Puerto Rico atravesó y enfrentó epidemias, pobreza y una gran preocupación. Existía un problema demográfico como menciona la Dra. Elsa Gelpi Baiz. Había más féminas que varones. 
Además, muchas mujeres de familias pudientes no tenían suficiente dote para poder contraer matrimonio con un hombre rico. Algunas preferían convertirse en monjas, pero en Puerto Rico no existía convento alguno. Sin embargo, debemos recordar a las mujeres pobres. Si fue difícil para las mujeres pudientes tomar decisiones, probablemente fue aún más difícil la vida para las féminas pobres. Pues con poca dote no tenían esperanzas de contraer matrimonio. Tal vez tenían la opción de aceptar cualquier propuesta de algún hombre.
Con la ayuda económica de Ana de Lansós se logra continuar con la labor de fundar el primer convento de monjas en Puerto Rico. Este evento ayudaría a que las mujeres que no tuvieran suficiente dote o quisieran ser monjas pudieran lograrlo. Definitivamente, como existía mucha pobreza en el Puerto Rico de los años de 1645 a 1651, las mujeres que aspiraban a convertirse en monjas no podían lograr ese objetivo. Porque si eran pobres o tenían poca dote no podían viajar a otro lugar donde existían monasterios.
Describimos un Puerto Rico donde quedaron muchas mujeres abandonadas y solas a su suerte y que salieron adelante sin importar su condición social. Ejemplo de que existieron mujeres ricas que se preocuparon por las mujeres pobres como es el caso de la primera monja puertorriqueña Ana de Lansós. Pionera puertorriqueña de las inquietudes cívicas. Evidencia de que la mujer no importa su condición social y raza dejó su huella en el Puerto Rico del siglo XVII.





[1] Noemí Rivera De Jesús es profesora de Historia y Humanidades en la National University College y el Instituto de Banca y Comercio en Ponce. Actualmente, es estudiante del programa doctoral en Filosofía y Letras en Historia de América de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, Recinto Metropolitano.
[2] Santiago Marazzi, Rosa. La inmigración de mujeres españolas a Puerto Rico en el periodo colonial español. Homines Revista de Ciencias Sociales Tomo Extraordinario, Núm. 4, Universidad Interamericana de Puerto Rico, 1987, Pág. 159   La autora menciona que para mediados del siglo XVI comienzan las peticiones para establecer conventos en diversas partes de América, indicio de que en esas áreas abundaban las doncellas casaderas sin esperanzas de conseguir esposo. Además, la autora señala que el primer convento se estableció en Bogotá en 1593.
[3] Martínez Cuesta, Ángel. Las monjas en la América Colonial 1530 – 1824. Pág. 622
[4] Ibídem, Pág. 623
[5] Silvestrini, Blanca G. Historia de Puerto Rico: Trayectoria de un pueblo. San Juan, 1991, pág. 104.Vease también Santiago Marazzi, Rosa. La inmigración de mujeres españolas a Puerto Rico en el periodo colonial español. Homines Revista de Ciencias Sociales Tomo Extraordinario, Núm. 4, Universidad Interamericana de Puerto Rico, 1987, Pág. 159   La autora menciona que para mediados del siglo XVI comienzan las peticiones para establecer conventos en diversas partes de América, indicio de que en esas áreas abundaban las doncellas casaderas sin esperanzas de conseguir esposo. Además, la autora señala que el primer convento se estableció en Bogotá en 1593. Sin embargo, en Puerto Rico esta situación se da más tarde en el siglo XVII. Cuando crecía el número de jóvenes solteras, quizás en parte porque muchos jóvenes se iban a buscar fortunas a otros virreinatos.
[6] Coll y Toste, Cayetano. Boletín Histórico de Puerto Rico. Tomo III. San Juan, Puerto Rico. 1916, Pág.  252
[7] Cuesta Mendoza, Antonio. Historia Eclesiástica del Puerto Rico Colonial Volumen I 1508 – 1700.
República Dominicana, 1948, Pág. 327
[8] Coll y Toste, Cayetano. Boletín Histórico de Puerto Rico. Tomo III. San Juan, Puerto Rico. 1916, Pág. Véase también A.G.I Santo Domingo, 165 Donde aparece que también en 1618 continuaban las peticiones para fundar un convento de monjas en San Juan de Puerto Rico.
[9] Coll y Toste, Cayetano. Boletín Histórico de Puerto Rico. Tomo III. San Juan, Puerto Rico. 1916, Pág. 252
[10] Muriel, Josefina. Las Mujeres de Hispanoamérica, Época Colonial. Editorial Mapfre, 1992, Pág. 289
[11] Ocasio, Sor Blanca María. La fundación del Monasterio Carmelita de San José. Significación social y eclesial de la obra de Ana de Lansós. Iglesia, Estado y Sociedad: 500 años en Puerto Rico y el Caribe. Actas de Simposio III. El desafiante siglo XVII. Arzobispo de San Juan de Puerto Rico,
Universidad del Sagrado Corazón, San Juan, Puerto Rico, 2010, Pág.147
[12] De Hostos, Adolfo. Diccionario Histórico Bibliográfico Comentado de Puerto Rico. Publicación de la Academia Puertorriqueña de la historia, 1976, Pág. 294
[13] Cuesta Mendoza, Antonio. Historia Eclesiástica del Puerto Rico Colonial Volumen I 1508 – 1700. República Dominicana, 1948, Pág. 328
[14] De Hostos, Adolfo. Diccionario Histórico Bibliográfico Comentado de Puerto Rico. Publicación de la Academia Puertorriqueña de la historia, 1976. Pág. 294
[15] Martínez Cuesta, Ángel. Las monjas en la América Colonial 1530 – 1824. Pág. 582
[16] Martínez Cuesta, Ángel. Las monjas en la América Colonial 1530 – 1824. Pág. 622, 623, 624,625 y 626 En estas páginas se puede apreciar la tabla diseñada por el autor titulada Monasterios de Monjas en la América Colonial 1492 – 1824. Donde aparece la información que el primer convento de carmelitas calzadas en América fue en San Juan de Puerto Rico.
[17] Huerga, Álvaro. Historia Documental de Puerto Rico Tomo XVII La Familia Torres y Vargas
Zapata. San Juan, Academia Puertorriqueña de la Historia Centro de Estudios Avanzados de Puerto
Rico y del Caribe Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, 2008, Pág. 128

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